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Libros de Guillermo Fesser

Marcelo

Influencias en Guillermo Fesser

Marcelo

Referentes

¿Cuáles son tus autores de referencia?

Manuel Chaves Nogales
Cuando leí El maestro Juan Martínez que estuvo allí me pareció que este hombre, aun sin conocerle de nada ni haberle estudiado nunca en ninguna clase de literatura, había, de alguna manera, viajado por el inconsciente colectivo de España y me había influido profundamente en su manera de entender el periodismo y la escritura.

Italo Calvino
Empecé Si una noche de invierno un viajero para practicar italiano y me dejó fascinado. De ese libro aprendí que una historia te puede llevar a otra y ésta a la siguiente y que cualquier cosa que te ocurra en la vida puede ser una aventura inesperada si la vives con alma de aventurero.

Rafael Alberti
Con la lectura de La arboleda perdida aluciné al comprobar cómo se puede conjugar de manera tan sutil y brillante la nostalgia y la ternura con el buen humor. Alberti me enseñó que es más valioso emocionar que convencer y en ello ando.

Valle Inclán
Luces de bohemia despertó en mí la inquietud por las injusticias sociales. Contar las historias de los que sufren como fórmula para empezar a mitigar su sufrimiento.

Carola Aikin
De Las primaveras de Verónica me volvió loco esa manera de narrar con pensamientos encadenados. Hay un montón de detalles del exterior pero todos con una mirada interna.

Alonso Cueto
Con Grandes miradas firmó una obra maestra en todos los sentidos. La narración, la historia, las sensaciones. Reúne toda esa magia que me encanta de los narradores hispanoamericanos a los que he pasado leyendo tantas horas.

Obras

¿Cuáles son las lecturas que están detrás de Marcelo?

Tomates verdes Fritos
De Fannie Flagg, que me ayudó a entender la grandeza de escuchar a los mayores. ¡Cuántas historias apasionantes nos perdemos por no tener la paciencia de preguntarles a nuestros ancianos preguntas de adulto en lugar de preguntas de viejecito, dando por hecho que la contestación va a carecer de interés!

El color del agua
De James McBride, que es una de las lecturas más bellas que han caído en mis manos. Me ayudó a intentar romper estereotipos. A intentar no juzgar a la gente por su aspecto o su color de piel, sino por su actuación como personas.

La guerra del fútbol
De Ryszard Kapuscinski, que me mostró que el conocimiento habla, pero la sabiduría escucha. Que hay que dejar que la gente hable. Hay que probar lo que la gente come, acudir a dónde la gente se reúne, bailar lo que la gente canta y luego, ya solito, te va naciendo el amor a esas personas.

Los divinos secretos de la hermandad de la YaYa
De Rebecca Wells, que me brindó la oportunidad de colarme en un mundo de mujeres y escucharlas. Las referencias de mi educación fueron siempre voces de hombres y me encanta rebuscar y encontrar referencias en voces de mujer que, aunque no fueran reconocidas en su tiempo, estaban allí y son tan imprescindibles como los hombres para intentar interpretar nuestra existencia. Las voces de mujer en Marcelo, porque también hay personajes femeninos, posiblemente se los deba a Rebecca Wells.

¿Cuáles son tus tres libros de humor favoritos?

Groucho y yo
De Groucho Marx. Crecí yendo al cine de sesión continua los domingos con mis amigos del colegio, Raúl Canosa y Ricardo Castillo, para ver dos películas seguidas de los hermanos Marx. Del efecto sorpresa de Groucho he intentado siempre aprender y, en la medida de mis limitaciones, emularlo.

La tesis de Nancy
De Ramón J. Sender. Este inmenso escritor me enseñó que el humor no tiene por qué ser el objetivo: un chiste y ya está. El humor puede ser una manera de expresar algo muy serio y, entonces, se produce la maravilla de aprender algo al tiempo que lo pasas bien. A Sender le debo esa filosofía que luego intenté aplicar a la Fundación Gomaespuma: “educando con una sonrisa.”

La conjura de los necios
De John Kennedy Toole. Este tipo me enseñó a fijarme en que, para encontrar un protagonista de importancia, no tienes que buscar necesariamente entre la gente importante. Sin este libro no habría escrito posiblemente la biografía de mi querida asistenta y hoy amiga, Cándida. Cuando Dios ahoga aprieta pero bien.

Música

Si Marcelo tuviera banda sonora, ¿qué canciones incluiría?

Marcelo es pura música. Es hijo de músico y se crió yendo a verle actuar con su grupo en locales de jazz. No sacó el talento interpretativo del padre, eso quedó para su sobrina, la Pavita, pero sí desarrolló el placer por escuchar buena música:

Jumpin Jive
Cab Calloway

Escuchar en:

Mi Quito es un Edén de Maravillas
Arturo Loayza y Marcelo Vallejo

Escuchar en:

Recuerdos de la Alhambra
Francisco Tárrega

Escuchar en:

Ripple
Greatful Dead

Escuchar en:

Cineastas

¿Qué cineastas te han marcado como guionista y/o director?

Giuseppe Tornatore
Con su Cinema Paradiso, del que aprendí que no hay que tener vergüenza por mostrar tus emociones. Las historias son más grandes cuando quienes las narran se muestran vulnerables. Yo en Cándida sentí que me quedaba en pelotas ante el mundo.

Ernst Lubitsch
Con su Ser o no ser. Sublime. El guion por supuesto, pero el manejo de la cámara. La mueve como Nadal mueve la raqueta, que no se nota y parece que es fácil.

Javier Fesser
Con su Binta o La Gran idea. Creo que es la película más bella que he visto en mi vida. Fue un honor para mi poder colaborar con él en los dos cortometrajes siguientes: Bienvenidos y El monstruo invisible.

Ricardo Franco
Con La buena estrella. Ahí me quedé prendado del guion de Ángeles González-Sinde y no he parado hasta poder escribir algo con ella. Por fin lo he conseguido y estamos pergeñando juntos una serie de televisión que nos tiene muy emocionados.

Juan José Campanella
Con El hijo de la novia. No daba crédito. Que finura. Qué belleza.

Zhang Yang
Con La ducha. Me encanta el cine asiático y, en general, admiro su manera de contar las historias a través de la reacción que tienen los personajes ante lo que ocurre, sin necesariamente sacar lo que ocurre en pantalla.

Influencia geográfica en Guillermo Fesser

Marcelo

Mi ciudad

¿Cuáles son tus sitios favoritos de Madrid?

El parque de El Retiro

A todas horas y en cualquier época pero, muy especialmente, durante la Feria del Libro. Coincidía siempre la feria con los exámenes finales, del colegio y luego de la universidad. Me iba a repasar las lecciones al parque mientras recorría los puestos en busca de novedades. “¿Tienen pegatinas o catálogos?” Desde pequeño, mi padre nos llevaba y nos compraba religiosamente, para compartir con el resto de la prole (éramos nueve: cinco hermanas y cuatro hermanos) el nuevo Tintín, el nuevo Mortadelo y Filemón y el nuevo Asterix.

El Museo Sorolla

Ha sido desde siempre lugar de visita obligada cada vez que han aparecido amigos de Estados Unidos. Explica muy bien quiénes somos porque reúne los colores del mediterráneo: azul y rojo. Nueva York es verde. Además se ve en un pispas y sin prisas, lo cual es maravilloso.

El Teatro María Guerrero

Me encanta por todo lo que significa. El teatro siempre me ha parecido un milagro; que cuatro humanos con dos disfraces y un par de telas te hagan creer que estás en el Egipto del siglo II antes de Cristo. Ahí descubrí a Alfonso Paso, a Buero Vallejo, a Antonio Gala. Ahí me enamoré de por vida de Concha Velasco y de Charo López.

Influencia emocional en Guillermo Fesser

Marcelo

Esas cosas que amas:

  • Las alcachofas en el barrio hebreo de Roma.
  • El high line de Nueva York.
  • La pesca con mosca en Alaska.
  • El Ampordá.
  • La música de Senegal.
  • El ron de Nicaragua.
  • La coliflor con bechamel que preparaba mi madre y hoy prepara mi esposa.
  • El cine de verano comiendo pipas.
  • Los niños del basurero de Marawi, en Filipinas.
  • El primer tomate de cada verano en la huerta.
  • Atardecer en Sídney.
  • Barry White.
  • La graduación de mis hijos.
  • Un viaje con el Teca a jugar un partido de rugby en algún campo de España.
  • El rape del Asador Sagasti en Madrid.
  • Montar en bicicleta.
  • Mary Poppins.
  • Las risas con Juan Luis en Gomaespuma.
  • Acampar en el monte.
  • Mejillones Cuca.
  • El tenis.
  • Un arroz en el marítimo de Alicante.
  • Pasear por Segovia.
  • Un cuchillo de cocina Zwilling Pro.
  • El jardín botánico de El Bronx.
  • El duomo de Brunelleschi en la catedral de Florencia.
  • Botines de ante.
  • Las risas con mi profesora de inglés… que acabaría siendo mi esposa.
  • Machu Pichu.
  • Caldereta de Langosta en San Carlos, Menorca.
  • Escribiendo cine con mi hermano Javier.
  • El puerto de Charleston, Carolina del Sur.
  • Olor a lluvia.
  • El Mercado de Oaxaca, México.
  • Cocinar patatas a la riojana.
  • Actuar ante el público en Galicia.
  • Baile en la plaza durante las fiestas patronales de Los Molinos, Madrid.
  • Una Mahou bien fría. Un vermú. Una gilda y un pincho de tortilla en El Cano, en la calle Lagasca de Madrid.
  • El Ave a cualquier sitio. Sortear charcos en la acera.
  • Un vaso de Malbec en Buenos Aires.
  • Polvorones.
  • Risas en la biblioteca de la facultad de periodismo jugando a una versión particular del diccionario en la que ganaba la definición más divertida.
  • Hacer salchichas caseras.
  • Una hoguera en la nieve.
  • El cuchillo hori hori japonés para trabajar en el jardín y en la huerta.

Tres cócteles favoritos

El Manhattan porque tiene el vermú tan madrileño, que me encantaba paladear los domingos, y el bourbon tan americano. Es como una mezcla de lo que he llegado a ser yo con el tiempo.

La Paloma, porque me encanta el tequila y todo lo que sepa a México.

El Bloody Mary (que con el tiempo he aprendido que lleva el nombre en recuerdo de la nieta de los reyes católicos, la sangrienta Mary) es la mejor bebida para el brunch neoyorquino.

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